
La tabla de posiciones del fútbol argentino se mide en adrenalina y llanto. La capacidad de generar sensaciones y las situaciones que ponen en juego los estados emocionales reemplazan la jerarquía automática que da el resultado deportivo. Así las actuaciones de equipos que se salvan del descenso quedan equiparadas con los que aspiran llegar al título y lo consiguen.Me arriesgo a los enojos, pero no puedo comparar a Racing, Gimnasia y Esgrima La Plata y Rosario Central con Vélez, Huracán y Lanús. No ahora. Y mucho menos con Estudiantes de la Plata. El enojo es intrínseco al fúbol como centro del universo de las vidas de las personas, pero quienes se corran un rato de ese lugar donde el ombligo es el sol, sabrán entender.
El partido 2 entre Gelp y Atlético Rafaela fue una gesta y tuvo un desenlace que provoca que uno, por un segundo (y sòlo por un segundo) quiera sentirse hincha del equipo que no es. Remontar un resultado con tres goles en contra es quizàs el ideal de un fanàtico cuando sueña con la manera en que el fútbol le provoque felicidad: padecer para luego gozar. Trasladado a un plano sexual (el fútbol se mueve todo el tiempo con alusiones sexuales, más que el sexo mismo) al hincha le gusta primero con un poco de dolor.
La vuelta de Rafaela para Gimnasia fue dolorosa. Y en 17 minutos, cuando el reloj ahorcaba, resolvió su permanencia en primera división. La promociòn genera esa ficciòn en los equipos que pugnan por no descender: no se gana otra cosa que no sea no perder lo que ya se tiene. Encima se da en condiciones desiguales porque a resultados similares, el equipo que proviene del Nacional B cuenta con desventaja. Todo principio de fair play queda demolido en la estructura que tienen las promociones del fútbol argentino. Asì lo entendió el Kili Gonzàlez, referente de Rosario Central: “Estoy contento, pero no ganamos nada. Jugamos para no irnos al descenso, pero no hay nada que festejar…”.
La campaña de Racing, el salvataje final de Central y GELP, provocan alegrìas entendibles y muy fundadas. Pero la adrenalina que produce ese tipo de resultados no debe nublar la jerarquìa propia que tiene el deporte, incluído el fútbol, donde el que màs gana es el mejor. No perder tiene que ver màs con la supervivencia. Ganar un campeonato, destacarse en una competencia internacional superior como la Copa Libertadores son medidas objetivas que valoran la transpiración y la felicidad como el resultado de un éxito.
Como tambièn es diferente el llanto de quien pierde una final y aquel que pierde una categorìa.














2 comentarios
14 de Julio de 2009 | 10:31 am El Cronista
En la Argentinas, las esferas públicas se fundan siempre antes en la emoción que en el mérito.
Nuestro fútbol no nace de un repollo (sin querer con esto caer en “se juega como se vive”).
Pienso en la política, donde en cualquier campaña se apela más a la emoción y al seducir que al convencer desde la propuesta (pienso en el peronismo sobre todo, y en el mamarracho de De Narvaez, sin mas plan que promocionarse/te).
Pienso en el arte también, donde aún discutiamos la condición política de Borges, sin atender en la misma dimensión su exelente labor como escritor.
Y así podemos seguir…
14 de Julio de 2009 | 9:41 pm Eugenio Palopoli
No se me ocurre nada en el fútbol argentino que no esté pensado para provocar una emoción desmedida. La promoción, que en otros países es apenas una instancia deportiva, aquí es un drama en sí mismo que se sufre todo un año, porque se combina con el sistema de los promedios. No son compatibles.
Los torneos cortos, que a veces necesitan de un triangular o un mano a mano para definirse. Claro, son cortos y son “diecinueve finales”, frase descerebrada si las hay.
Los reducidos del ascenso son verdaderos martirios, con otro martirio de premio: una promoción con el de arriba. ¿Recuerdan al Quilmes de hace unos años? ¡Y cómo no iban a perder, pobres jugadores, les queman el marulo!
Y desde luego, cultura del aguante, violencia, las cámaras de TV enfocando SIEMPRE a la tribuna, nenes llorando, etc. Y a los errores del árbitro se les dice -Cappa también- “¡¡¡¡Nos metieron la mano en el bolsillo!!!”, y se hace una marcha a la AFA, se cortan calles con canas de espectadores. Pero si Defederico (o el que sea) la tira a un metro del palo, bueno, de eso no se habla, los únicos errore son los del réferi. Hay que aprender del rugby, en ese aspecto. Lo que dice el árbitro de rugby ES la realidad (un acto performativo), y no hay periodistas que digan “eso fue penal, error del árbitro”. ¿No te gusta? Diez metros más. ¿Todavía no te gusta? Otros diez. ¿Sigue sin gustarte? Try penal. Aclaro: el rugby es para la elite sólo acá, en los países potencia puede ser más popular que el fútbol. Es un asunto nuestro.
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