Las crónicas viajeras en la prensa deportiva

Las secciones deportivas de los diarios argentinos conservan la costumbre de otorgarle un espacio ,por lo general pequeño, a las crónicas de viaje para que los enviados especiales consignen un relato, por lo general pequeño, de una historia pequeña que sucede mientras se cuenta la gran historia. Un recurso que, entiendo, debería ser revisado.

 

Los relatos seguramente vendrán ahora desde Australia mientras se juega el abierto de tenis. En febrero llegarán desde Marsella cuando juegue la selección argentina. Cada viaje del cronista deportivo tiene como agregado narrar una historia mínima, a veces de vida, a veces de color, que saque al enviado del propósito del viaje. Pareciera ser que la cobertura no se completa si, además, el periodista no cuenta con el registro de una historia paralela al motivo de su estadía en ese destino.

No suelo ver la pequeña historia deportiva cuando un periodista de economía asiste al Foro de Davos ni tampoco del enviado de política mientras Cristina está en Cuba. Quizás como parte del paisaje de viaje consignen que había un puñado de chicos jugando al beisbol, pero no se saldrán de la ruta de sus ideas para contar por qué y para qué están ahí. Leyendo la prensa internacional tampoco advierto que sea una modalidad que utilicen los enviados deportivos cuando hacen largos ó cortos viajes. Quizás abandonen la crónica deportiva para abordar otro tema impulsados por lo que el lugar les despierta, pero no como un complemento de su propósito. Cocinan sus historias sin necesidad de anabólicos que inflamen su vuelo periodístico.

El periodismo deportivo cuando está de viaje debería sacudirse esa vieja sensación de que en el fondo las historias deportivas son menores. Y que para darle “chapa” al enviado y demostrar que sus límites intelectuales no miden 105×90, necesariamente hay que ensayar una literatura de apuro de valijas y pasaportes para ensalzar la pluma que cobra viáticos. He visto que en ocasiones ese pedido resulta forzado y que en lugar de servir para que las sensaciones fluyan, se convierte en una demanda que recarga de trabajo al atareado enviado. Lo cual es real: las coberturas internacionales son mucho más duras que los que se quedan en casa suponen.

De persistir ese complejo de inferioridad (no tengo dudas de que todavía prevalece ese erróneo complejo de inferioridad con respecto a otras secciones de los diarios) quizás le mejor respuesta haya que darla en el texto en sí, en las historias deportivas con mayor vuelo y descripción de todo aquello que el ojo curioso registre. Cada partido es una historia nueva, cada torneo es una aventura por descubrir.

Lo viejo es lo otro, lo que parece novedad: la anécdota de aeropuerto, la paparruchada del argentino ocasional que vive en el lugar donde se desarrolla la acción, la brújula siempre equivocada del taxista que resume en un viaje de 10 dólares la historia política de una región.

Ver el acontecimiento deportivo con la mirada más novata que se tenga. Esa es la gran historia por contar.

8 comentarios

  • 19 de Enero de 2009 | 12:24 am danilo

    100 adhiero, se nota cuando periodistas no muy duchos en el arte literario se meten con cronicas forzadas y cliches exagerados

  • 19 de Enero de 2009 | 1:53 pm Sebastian Latashen

    A mi siempre me gustaron ese tipo de anécdotas de viaje… es como que, nosotros también queremos vivirlas, ir a un gran evento deportivo y vivir más que eso. Si no se rescata algo mínimo del lugar que se produce el acontecimiento, no valdría preocuparse en ser sede del mismo.

  • 19 de Enero de 2009 | 2:34 pm Pablo

    Para algunas coberturas son válidas, otras no. Por ejemplo en el Dakar, el “diario de viaje” de Clarín muchas veces resultaba más interesante que la nota principal. Pero en otros acontecimiento, como el Abierto de Australia, pueden caer con muy poco color en la repetición.

  • 19 de Enero de 2009 | 3:16 pm albano

    yo siempre pense que cuando escriben esas cronicas, lo hacen porque no pueden hablar con sus familias por telefono por los costos, entonces utilizan ese espacio para contales las cosas que viven. claro que ahora la tecnologia me tiro la teoria al tacho de basura. saludos

  • 20 de Enero de 2009 | 11:07 am Rodrigo Ruesta

    Es cierto que esas notas (no sé si decirles crónicas) son a veces lamentables… pero si alguien pudiera escribir crónicas como las que que escribió Caparrós en los partidos de la selección de fútbol en los JJOO… sería otra cosa el periodismo deportivo.

  • 20 de Enero de 2009 | 11:21 am Joaquin

    Para mí, esto surgió en eventos donde envíaron muchos periodistas (Copa America, Mundiales, Juegos Olimpicos). Alguno se ocupó de la crónica en sí, otro de las entrevistas y algun otro de las notas de color. En la busqueda de color, surgió esto de diarios de viajes. Personlamente me parece un recurso interesante, muchas veces, si son atinadas y bien descritas las pequeñas historias nos pueden transmitir más del evento que el evento en sí. Además no se olviden que la mayoría de los eventos hoy en día los vemos en VIVO por televisión, y los textos no pueden competir con las armas de la televisión. Gran blog ese, saludos.

  • 21 de Enero de 2009 | 11:34 am moregain

    No es exactamente lo mismo, pero DETESTO las notas de color de las que abusan en las coberturas televisivas de los mundiales de fútbol y, en menor medida, en otros eventos deportivos. Me enferman.

  • 22 de Enero de 2009 | 11:42 am carnavalito

    Sinceramiento UNO:

    1. Pocos periodistas dedicados al deporte escriben con gracia, incluso sobre deporte.

    2. Aún si hubiera una horda de periodistas con talento narrativo, el problema reside en el editor, que les pide la basofia.

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