
El acuerdo del gobierno con los canales y las productoras que detentan los derechos de acontecimientos deportivos tiene un fin meritorio: procurar que la mayor cantidad posible de espectadores argentinos vean aquello que les interesa al menor costo posible. Tarea irrenunciable que debe tener un gobierno cuando administra recursos del Estado. El anuncio hecho al respecto por la presidenta Cristina Fernández no es una continuidad de lo iniciado con el Fútbol para Todos, sino todo lo contrario.
Cada vez que un equipo nacional, un deportista destacado o un acontecimiento de relieve involucre los sentimientos de identidad y representación, la televisión abierta será la pantalla que garantice la llegada de ese hecho a la totalidad de la población. Las disputas desencadenadas por la Ley de Medios y su posterior aplicación, o su aplicación a medias, ha generado enconos y ciertas percepciones. Una de ellas es la de dar por sentado que la televisión abierta es solamente Canal 7. La Televisión Pública es uno de los cinco canales de aire y no el único. Como fuera: si la televisión abierta es toda aquella que va por aire, ahora existen 5 canales más que pueden transmitir los acontecimientos deportivos con gran alcance.
En el camino queda una idea de demonización de la televisión por cable donde ya no se distingue que es básico y que Premium. Da lo mismo Canal 26 que HBO y TyC Sports o MTV que Cinemax o Hustler. El cable es el sistema de transmisión de mucha de la cultura local y global que ha modificado nuestra vida en los últimos tiempos.
De todos modos, el esquema de Deporte para Todos es bien diferente al de Fútbol para Todos. Las transmisiones en tv abierta a nivel nacional, regional y provincial es producto de un asociación que hará el Estado con los canales para transmitir, por ejemplo, un partido de Los Pumas y repartir en partes iguales lo producido por la venta de espacios publicitarios. El Fútbol para Todos, en cambio, tiene al Estado como un comprador exclusivo de derechos y comercializador de esos derechos. No hay apertura del juego, ni venta de espacios y el uso de la propiedad del fútbol profesional deriva en una abusiva comunicación política que ya llevó a la saturación hasta a los principales interesados.
El esquema de Deporte para Todos tiene al Estado como un regulador del interés general para llegar hacia donde el mercado solamente llega con posiciones dominantes. El Fútbol para Todos tiene al Estado como un productor de contenidos y un comercializador de derechos que todavía no consigue explicar cuando y como lo producido por el negocio del fútbol va a financiar al deporte olímpico. Tal como lo dijo la presidenta en un anunció muy similar al de hoy, pero para comunicar cosas bien diferentes.
La implementación del Deporte para Todos es la mejor muestra de que existía otra manera de llevar adelante el Fútbol para Todos.













1 comentario
24 de Febrero de 2011 | 4:37 pm Diego
excelente marce! Siempre me queda la sensacion que el concepto que motiva estos planes es noble pero la implementacion es poco transparente…No recuerdo por ejemplo que el estado publicite una licitacion para la transmision de los partidos con reglas claras donde se consiga calidad en la transmision y el mejor costo para estado …. La plata es de todos pero la desición es de unos pocos…
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