La semana deportiva tendrá un desenlace especial cuando el jueves 2 de diciembre se conozcan las sedes de los Mundiales de Fútbol de 2018 y 2022. La publicación de miles de documentos del Departamento de Estado por obra y valentía del sitio Wikileaks es la gran muralla visual que a su vez contiene otras pequeñas fotografías que completan el collage. Las denuncias de corrupción sobre miembros de la FIFA por parte de la BBC parecen historias ya repetidas. Pero de a poco estos casos van perforando una estructura cada vez más lastimada por estos casos. O al menos esto es lo que a mi me gustaría creer.
La prensa tradicional precisa recuperar su credibilidad en el planeta. Cada país tiene su dinámica y sus conflictos con el poder. Lo que se conoce como establishment a veces gobierna y a veces es oposición. La Argentina transita hoy por ese momento delicado. Una prensa corporativa es acusada de querer desestabilizar al Gobierno. El modelo sustituto que se propone parece ser el de una prensa absolutamente afin al poder político. Medios que acompañen y no cuestionen. El bien superior de querer terminar con una prensa corporativa, según lo que se propone, no debería reparar en los vicios de un tipo de comunicación que sea el mero eco de los actos de gobierno. Eso no es periodismo y puede dar para otra conversación. No un grito sordo de consignas, sino conversación. Lo vemos.
La BBC acaba de poner en riesgo la candidatura de Inglaterra 2018 para organizar el Mundial. Difundió un informe sobre supuestas coimas cobradas por miembros de la FIFA y la Conmebol (balas que pican cerca….) cuando la empresa ISL comercializaba los derechos audiovisuales de la FIFA. Los medios estatales que como tales deberían acompañar los actos de gobierno (según se entiende el sistema de medios en la Argentina) en realidad no hizo otra cosa que periodismo serio y responsable al informar lo que investigó.
Inglaterra no es la Argentina y la BBC no es la Televisión Pública. Se entienden perfectamente las diferencias. Hay un margen ancho y necesario que es el que tiene dos límites claros a sus costados: ni prensa de establishment que oficie como una corporación antipopular ni medios estatales que trabajen con una agenda que suprime cualquier mirada profunda sobre lo que merece ser investigado por el mero hecho de ser “cosa pública”
Algunos entendidos cuentan que 2018 será de España-Portugal y tal vez el 2022 sea para lo exótico de Qatar. Probablemente Inglaterra no tenga su Mundial porque la FIFA no quiere tener 8 años a la propia prensa inglesa investigando sus asuntos.
El mejor periodismo hace mejor a las organizaciones ya los gobiernos. Es el chip que hay que cambiar.













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