El telebeam parece haber ganado una batalla en el fútbol argentino: la de la apreciación. Como recurso tecnológico y hasta divertido de Fútbol de Primera, el telebeam, moldeó el modo de ver fútbol televisado. Es notable como en ocasiones vemos en la tele ,y a veces con los mismos relatores, cuando se televisa un partido de carácter internacional, como no existe esa obsesión por la posición adelantada como prioridad para abordar en el comentario.Dentro de la gama de posibilidades de análisis que ofrece una resolución de una jugada de ataque, ver si fue o no offside, figura como la categoría con mayor cantidad de visitas. ¿Por qué? ¿Qué tiene de diferente el juego en otras partes del mundo para qué a situaciones similares haya diferentes maneras de apreciar y juzgar? Es saludable reconocer que aunque se crea lo contrario, el fútbol no es igual en todos lados. Nunca voy a olvidar una anécdota contada por el escritor Juan Sasturain acerca de dos niños que jugaban a la pelota con su padre (o el creía que era el padre, pero no importa demasiado) en un parque de Londres.
El juego informal que allí sucedía era totalmente diferente al que veríamos en una plaza argentina: el padre, a una cierta distancia, tiraba centros para que los dos chicos pugnen para ganar de cabeza. En la Argentina, “la nuestra” habría sido armar un arco y plantear algún formato de fulbito que nos permita hacer goles y contabilizar.
El telebeam como herramienta televisiva y ni siquiera del juego, ya que solamente se emplea en imagenes grabadas, consiguió que la mirada en las situaciones sensibles del partido se basen en el error como primera instancia. Y lo plantea en momentos en que un equipo ataca y eso puede generar un desnivel en el marcador, momento que el fútbol, comparado con otros deportes, es ocasional. Todos queremos partidos con muchos goles pero no siempre los tenemos. El abuso del telebeam como recurso del juego y no como lo que es (un recurso televisivo contrafáctico) condicionó nuestra mirada para que evaluemos primero la existencia probable de un error y no el abanico de situaciones que una jugada de gol abre.
La dificultad nos lleva a olvidarnos que el fútbol convive con el error. El arbitraje tiene al error (no a la falla, que no es lo mismo) como una posibilidad concreta puesto que los árbitros no tienen otros medios disponibles para saber si cobraron bien o mal.
Esos medios existen y que no se usen, pues bien, ya nos lleva a otra discusión.














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