En los últimos tiempos me ha influenciado e inspirado la lectura del libro Garry Kasparov, como la vida imita al ajedrez, una obra en la que el cinco veces campeón mundial no solamente describe el juego, sino que desentraña el funcionamiento humano a la hora de pensar, tomar decisiones, evaluar posibilidades, descartarlas y seguir patrones de conducta que son únicos e irrepetibles. Siendo un deporte en el que el ataque y la defensa son centrales, Kasparov recurre a comparaciones con el fútbol para demostrar como existen estilos ofensivos y defensivos y cómo en ocasiones la táctica es algo que hay que desechar cuando el juego ofrece otra alternativaKasparov vuela por el libro contándonos que a lo largo de la historia han existido distintos tipos de jugadores de ajedrez. Especuladores y lanzados. Ofensivos y defensivos hasta cuando no los atacaban. Estudiosos y vagos. Conservadores e inttrépidos . Kasparov desnuda sus preferencias, se alía en la historia con ajedrecistas que no conoció pero admiró y reniega de los que no tienen que ver con su escuela, pero en todos los casos mantiene un pensamiento central a la hora de describirlos: valora que cada ajedrecista explote lo que mejor hace. Como ejemplo simple recurre al choque del Mundial 82 entre Brasil e Italia. Cuando el fútbol florido y ofensivo de Brasil se topó con esquema defensivo de Italia, conciente de sus limitaciones y de su potencial. Cada uno hizo lo que mejor sabía hacer. El partido fue generoso y esa vez, ganó el que se defendió
El discurso futbolístico, por el contrario, reniega de esa posibilidad. Es necesario que para seguir leyendo dejen de pensar en el técnico que admiran, en el que odian, el periodista que los atrapa y el que les genera repulsión. A veces las ideas se confunden cuando se les pone rostro. Hay una tendencia, difícil de torcer ,de acomodar los gustos y las reflexiones de acuerdo a cuan simpático caiga el personaje en cuestión.
El discurso futbolístico clásico prescinde de las aptitudes y busca un juego ideal. Prefiere el plano abstracto de las mesas de café (¿vieron qué con sólo decir mesas de café ya se nos representan determinados técnicos y periodistas?) a lo que el juego real aporta. Se mezcla jugar bien con jugar lindo y jugar mal con jugar feo. El gusto impregna el juicio. “Mis equipos juegan bien…”, dicen algunos técnicos y luego en la cancha vemos que no juegan bien y quizás no lo hagan feo, pero tampoco lindo.
El fútbol propone un sinfin de variantes a la hora de ser debatido. Es uno de los pocos deportes cuyos resultados no son concluyentes para evaluar quien fue mejor y quien fue peor. La discusión sigue abierta según la cantidad de comensales haya en la mesa. Pero sucede que el divorcio entre el discurso y el juego ha llegado hasta tal punto que en determinadas circunstancias se habla de un fútbol que quizás jamás existió. Un modo de juego representado solamente en la ilusión y el deseo (esto vale para los que adoran el tiki-tiki y los que se cuelgan del travesaño) que no reporta a lo que la cancha albergó. Las charlas de café representan un deporte dentro de otro deporte. Están para ser ganadas, no para iluminar verdades. En ellas se aprende a discutir, no a conocer sobre fútbol. La mejor manera de no perder el tiempo con ellas es ser concientes de que, efectivamente, estamos perdiendo el tiempo.
El trasfondo de la cuestión es que el fútbol tiende a no respetar la máxima defendida por Kasparov: explotar lo que uno hace bien y no lo que a otros les gustaría que hagamos. Italia suele defenderse bien. Defenderse como Italia es difícil, precisa de mucho trabajo y de mucha elaboración, pero lo principal: no es para cualquiera. Intentar defenderse como los italianos sin saber hacerlo puede ser tan improductivo como pensar, y decir, que solamente se juega pensando en el arco de enfrente. Algo que Brasil hace bien y por lo general, salvo sustos, le va bien.
El discurso futbolístico se basta a sí mismo. No precisa del juego. Pero si se basa en el juego, en lo que dos equipos entregaron (y no lo que a nosotros nos hubiera gustado que hicieran…), el discurso fútbolístico es sustancioso, adorable y necesario.
Kasparov celebra la existencia de Petrosian, un campeón mundial de ajedrez que armaba un sistema defensivo inexpugnable aún cuando el rival no había insinuado como lo iba a atacar.
Esquemas cautelosos (Arsenal, quizás), generosidad en la búsqueda (¿anotan a Lanús, por ejemplo?) y lo que pueda encontrarse en el mercado deben ser medidos por una sola pregunta:
¿Hicieron bien lo que saben hacer o se metieron a hacer cosas que no conocen?
Formulada la pregunta, el discurso futbolístico puede resultar útil.














8 comentarios
14 de Febrero de 2008 | 9:46 pm Miguel
Marce la verdad que deberias cobrar por dar esta clase de periodismo y opinion, el post es genial. Un abrazo.
14 de Febrero de 2008 | 9:51 pm Darío
Comparto en un 100% todo lo expresado, creo que muchas veces los entrenadores intentar plasmar su idea de juego o su sistema olvidandose mirar el potencial con el que cuentan, caso claro es el de river con Simeone, que intenta jugar con linea de tres, sin tener los recursos necesario para hacerlo.
Creo que jamas terminará esta discusión, sobre jugar lindo o feo, siempre va a ver gente que defienda un estilo u otro, desde mi punto de vista, el mejor sistema es el que potencia tus recursos, es tan difícil defender bien como así también atacar.
Es muy respetable lo producido por equipos como Arsenal o Banfield, que sin ser vistosos logran objetivos importantes.
Saludos, y felicitaciones por el blog.
Darío
15 de Febrero de 2008 | 10:06 am Ariel
Se me viene como ejemplo a Bielsa y sus esquemas cuadrados diciendole al burrito Ortega “Ud. tiene que marcar al 3, si el sube, baja a cubrirlo”, que burro por Dios
15 de Febrero de 2008 | 10:44 am MUNDO FUTBOLERO BLOG
Me gusto mucho tu Blog, y me encantaría un intercambio de enlaces.
Para enlazarme por favor coloca el nombre de mi Blog en mayúscula:
MUNDO FUTBOLERO BLOG
http://mundofutboleroblog.blogspot.com
Si tienes otros blogs espero que me enlaces en ellos también. Me gustaría que me pases este dato de tu Blog: País en el cual fue creado. Este último dato es necesario para poder colocarte en algunas de las secciones de Links que se encuentran en mi Blog.
Un abrazo.
15 de Febrero de 2008 | 1:59 pm Roberto Parrottino
No me parece un burro Bielsa por pretender eso de un jugador. Me despierta cierto interés la entrada, creo que el fin todo saben cuál es: ganar, pero los caminos pueden ser diversos.
19 de Febrero de 2008 | 8:15 am Diego Molina
Como va Marcelo. La verdad es que da gusto leerte aqui o e La Nación y escucharte todos los días en R&P.
Te conocí en el 93, cuando la radio estaba aún en la calle Belgrano y desde ese momento he aprendido a mirar al deporte desde otro lugar, donde todo va un paso mas lejos de gol, la victoria o la derrota.
Un abrazo y gracias
19 de Febrero de 2008 | 1:30 pm Ariel
Roberto: si sos un seleccionador nacional no necesitas que los jugadores se adapten a tu esquema, siendo tan cuadrado hubiese elegido a alguien que fuese sumiso y se dedicara los 90 minutos a correr por la banda atras del tres contrario. Acordate tb que ese tipo no fue capaz de citar a jugadores como Riquelme
30 de Julio de 2008 | 10:10 am Bruno
Creo que a Kasparov se le fue la mano con tal de vender un libro.
El ajedrez es muy distinto al futbol.
La unica ventaja en el ajedrez es quien lleva las blancas (mueve primero).
El resto es identicamente igual.
En futbol hay diferencia de nombres, de recambios (suplentes), entrenamientos (no creo que las instalaciones de Boca sean iguales a las de Los Andes).
Entiendo la idea central….pero no hagamos un guiso con ajedrez y futbol, son dos deportes muy distintos
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