Marcelo Gantman es periodista especializado en temas deportivos y un apasionado de las nuevas tecnologías. Es co-conductor del programa radial Cual Es? en 95.9 Rock & Pop , blogger y productor de contenidos de La Nación.com. También es comentarista del canal TyC Sports. Cubrió Juegos Olímpicos y Mundiales de fútbol. Asesora a diversas organizaciones comerciales y sin fines de lucro sobre comunicación en materia deportiva.
Importa más que Javier Mascherano se haya convertido en doble ganador de medalla que la victoria contra Nigeria 1a 0. Sin quitarle méritos a Angel Di María que hizo un golazo por donde se lo mire. Mascherano fue el futbolista que más se embebió del modo olímpico de vivir el deporte que registre la historia argentina.
Sabía de que se trataba y quiso volver. Durante los juegos estuvo en contacto con compañeros del plantel con los que ganó la medalla dorada en Atenas 2004. La mayoría de los jugadores dijo que los ponía contentos haber ganado porque sabían que no iban a volver más a participar de un Juego Olímpico. A veces eso suena a exactamente eso: venir una vez para no tener que volver.
Mascherano rompe esa dinámica. Si fuera por él vendría cada cuatro años mientras sea futbolista. Pero también sabe que está algo solo en ese sentimiento.
Las Leonas representan uno de los pocos casos en el deporte argentino donde el cierre de un ciclo se cruza con el comienzo de otro. Son escasos los deportes en los que no vemos una culminación de una etapa que no sea definitiva. El futuro dirá si el hockey femenino tendrá la calidad de jugadores que cosechó desde poco antes de 2000 para acá, pero al margen de eso no dejan la sensación de que se va una generación y se termina todo.
Gabriela Díaz, de Alta Gracia, terminó quinta en la final de la categoría femenina en BMX. La especialidad fue debutante en los Juegos Olímpicos y mezcla el show y la intensidad con el deporte. Me gustó más de lo que esperaba. Y sobre eso escribí hoy en La Nación.com
Carlos Espínola y Santiago Lange ganaron hoy la medalla de bronce en la clase Tornado, en yachting, en Qingdado, una ciudad costera a 600 kilómetros de Pekín. Espínola le agregó a su carrera su cuarta medalla olímpica y de esta forma es el atleta que más medallas ganó en la historia deportiva argentina.
En Atlanta y Sydney fue plata en windsurf y a fines de 2000 se unió a Santiago Lange para ganar la medalla de bronce en Atenas 2004, un mundial de la categoría también ese año y ahora esta conquista en China. Se trata de dos deportistas que son de lo más serio que se encuentra dentro de las disciplinas menos mediáticas (aunque es un espectáculo imperdible verlos por TV) y también consideradas amateurs. Han trabajado para encontrar recursos económicos, cuentan con un equipo de trabajo especializado que incluye un meteorólogo, un coordinador encargado de la logística y hasta un profesor de yoga con el que hacen labores de meditación para simular situaciones que luego se pueden dar en la competencia.
El yachting está considerado en la mayoría de los casos un deporte elitista y de escaso arraigo popular. Cuando vayan por la costanera para el lado de Aeroparque y viniendo de Retiro, cualquier día despejado, empiecen a contar cuántas velas se ven en el río y se darán cuenta. Una clase de windsurf en San Isidro puede costar no más de 100 pesos por mes.
Jorge Búsico me comenta su extrañeza sobre como el medallero que actualiza la NBC da primero a Estados Unidos. Y ahí hay trampa: Estados Unidos privilegia la cantidad de medallas ganadas por encima de las doradas. Es decir, va a la suma total y no a la jerarquía que marcan las medallas de oro conseguidas. Lo que corresponde es que vaya primero el que más medallas doradas ganó: China, en una tendencia que no creo que vaya a cambiar.
Nacho Goano vuelca sus buenas ideas deportivas en su propio blog y también está fascinado con la selección de básquet. ¿Cómo no estarlo?
Manu Ginóbili escala a tres griegos y hace flotar la pelota para que caiga en el aro. Carlos Delfino tira bombas de todos lados. Scola ensucia la pelota abajo para que nadie más la tenga. El equipo tiene una fortaleza que no se agota mientras el partido tenga segundos por jugarse.
Pekín 2008 tiene para el viernes España-Lituania y Argentina-Estados Unidos. Que venga lo que venga pero esta selección nos devolvió un aspecto fundamental del deporte: competir siempre con las máximas expectativas. Nunca sin pretensiones.
Definitivamente esta es mi selección preferida. Reúne todo lo que uno puede esperar de un equipo y cuando genera una hazaña no es porque el azar intervino sino porque generó las acciones para que eso suceda.
Los pude ver en Atenas y los veo ahora. No veo la hora de que llegue el partido del viernes.
Pekín ya no es la ciudad como la que se veía en El Ultimo Emperador cuando en una escena se abre un semáforo y centenares de personas en bicicleta comienzan a circular. No al menos durante los Juegos.Las bicicletas tiene sus carriles exclusivos (carriles, no sendas) y comparten el tránsito con automovilistas y peatones imprudentes por igual.
China tampoco muestra una población de gente pequeña. Se ven chinos altos y muchos. La imagen de la gente de mediana estatura también corresponde al pasado y al prejuicio que conviven en lo poco que sabemos sobre este país.
No es cuento el gigantismo como imagen dominante. En edificios, en íconos y sobre todo cuando son deportivos.
No menos que una medalla plateada se llevará el fútbol argentino de estos Juegos Olímpicos. Y no más que una dorada. La Argentina tiene un record impactante en fútbol en los juegos y logra en este terreno lo que no se le da en mundiales, copas américa y lo que juegue por por ahí. Solamente el fútbol juvenil ofrece estos resultados sostenidos en el tiempo.
La Argentina, desde 1996 para acá, metió al menos tres finales (Atlanta, Atenas y Pekín) con una medalla dorada en 2004. Y en Sydney no hubo mal olímpico sino más preolímpico. No sé en que lugar del interior dificil de desentrañar de Riquelme puede estar aquellas frustración cuando un equipo integrado por las figuras del momento (Riquelme, Aimar, Cambiasso y otros que se me escapan) no llegó a Sydney.
Dejar a Brasil al margen de la final (no quedó afuera, juega por la de bronce) del modo en que jugó la Argentina puede ser un envión fresco para una selección juzgada constantemente, en ocasiones al borde de ser ignorada y en discusión permanente.
No fue en Alemania, ni en Francia, ni en Japón. Fue en China, en los Juegos Olímpicos. La medalla dorada de Atenas quedó al borde del desprecio para el mundo del fútbol. La vida de otra chance.