
River lleva cinco partidos consecutivos ganados, no le hacen goles, va primero en el campeonato y está cerca de pasar a los octavos de final de la Copa Libertadores. River está bien. Como a River lo dirige Diego Simeone que es atildado, pragmático, poco amigo de la demagogia y prefiere un equipo que no juegue bien en los reportajes que le hacen, sino en la cancha, los analistas conjeturan que River, para conseguir este rendimiento, se alejo de su mandato histórico de un fútbol más vistoso y con cascabeles. Se presume que River (o Simeone, que para el caso es igual) hizo abandono de fantasía para construír su equipo.River venía siendo un equipo de mandíbula floja y se caía ni bien le pegaba un vientito. A River hoy es difícil voltearlo, pero no a costa de resignar virtuosismo, sino porque ganó en otros aspectos. Los archivos periodísticos harían trizas a cualquiera que quisiera contrastar que se decía de Simeone en febrero y que se dice ahora. El periodismo deportivo es el que menos paga de todos. Pero no veo que River haya abandonado una línea futbolística a favor de ser un equipo confiable. Y de ser así, no lo hizo ahora, sino en el lapso que va de Manuel Pellegrini a la llegada del propio Diego Simeone.
En este tiempo, casi cuatro años, River fue un club con el fútbol en emergencia que debió salir de apuros constantemente. Astrada, Merlo y Passarella fueron auxilio y problema según la ocasión y no solamente ganaron poquito y nada, sino que no se recuerdan partidos o campañas memorables en cuanto al presunto fútbol-espectáculo que River dejó de jugar con Simeone.
River es más firme en defensa. Tiene muchos delanteros pero no es muy efectivo. No juega con enganche clásico puesto que en apariencia el único que queda en ese rubro es Riquelme, pero Simeone lo pone a Buonanotte cuando de entrada le había dicho al presidente José María Aguilar (y esto no salió en los diarios) que si era por él, lo podían transferir. Aguilar defendió la permanencia de Buonanotte con la misma firmeza con la que logró que no le descuenten puntos en la AFA por los últimos hechos de violencia. Simeone, ante la necesidad y lo fáctico, recurrió al jugador cuando le hizo falta.
River no abandonó una línea de juego. Eso ya lo había hecho hace rato. Lo que River dejó fue esa repetida costumbre de buscar la solución en los nombres ligados a la historia del club. A los que eran del “riñon”, que conocían el vestuario y el anillo del Monumental y que cocinados en su propia salsa, terminaban siendo parte del problema. Los antecedentes indicaban que River tenía técnicos que declamaban un estilo de juego en las entrevistas, pero que nunca se encontraba en las canchas. La clásica tendencia de armar “Brasiles del 70″ en las notas de los diarios con dibujitos de como parar un equipo ofensivo y luego no saber como sostener la idea en la cancha. Desde que leí el libro de Kasparov terminé de entender que en el deporte la mejor manera de apuntar las intenciones ofensivas es dotarlas de un buen respaldo defensivo. Hay una discusión del fútbol que, por suerte, a mi ya no me incluye.
Cuando River buscó afuera de su historia, cambió el equipo. No se como saldrá River de ahora en más. Si será campeón de algo o no, pero se dió el cambio que precisaba. Si no era con Simeone, debía ser con otro.