¿Por qué el Estado tiene millones para el fútbol televisado y no para el desarrollo del deporte?

Creo que la pregunta del título ya es el post en sí mismo. De ser cierta la oferta del gobierno argentino para que la AFA rompa el cuestionable contrato televisivo, cabe preguntarse porque el Estado que siempre limitó sus recursos para el deporte argentino, dispone de buenas a primeras de 600 millones de pesos para hacerse de los derechos del fútbol.

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La selección de básquet vive en estado de atracción permanente

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Sábado a la noche y estoy viendo el inicio del Super 4 de básquet entre la Argentina y Uruguay en Santa Fé. La ocasión sirve para homenajear a Hugo Sconochini, campeón olímpico en 2004 y jugador fundamental de la selección antes de la explosión  liderada por Manu Ginóbili. Cuando la Argentina se mueve en básquet, como ahora que se prepara para un Pre-Mundial, siempre genera atractivos. ¿Cuál es el secreto de un equipo que cada año se reinventa?

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Ganar

Sigue la polémica luego de Vélez y Huracán. Se irá apagando con el correr de los días. De izquierda, de derecha, amigo de un periodista, amigo de otro, bien jugado ó bien planteado, con toque o con táctica, con las dos cosas juntas o con nada, con lo que se entienda por fútbol en cualquier circunstancia, con lo que cada uno quiera y odie de los demás, con el infinito constante que ofrece el fútbol, ganar no es lo mismo que perder.

Eso es lo que se discute.

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Gripe A: donde hay una crisis, hay una oportunidad

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Puede estar la oportunidad económica como surge a la vista, pero también la oportunidad cultural. Ante la epidemia-pandemia de la gripe A, estaría genial que se incentivara a la gente a hacer deporte. Que aquellos chicos y grandes que están sanos salgan a los parques y espacios públicos a recrearse y fortalecer sus defensas. Me hubiera encantado que la secretarías y subsecretarìas de Deportes, ante esta emergencia, comunicara un plan nacional se actividades al aire libre para que los vecinos, compañeros, ciudadanos (según sea la ideología gobernante) salgan, tomen aire y cuiden su salud.

No es tanto si está bien o está mal ir a ver Vélez-Huracán, sino que lo que no está contraindicado es hacer deporte cuando no se tiene gripe. El deporte argentino precisa de menos conmemoración y declaración de ciudadanos ilustres  y de  más diseño de futuro. Aún en la emergencia.

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Saldos y retazos del Mundial 78

Pensé varias horas durante este 25 de junio antes de escribir sobre el Mundial 78. En primer lugar porque no me interesan tanto los recordatorios aunque el número redondo obligue. Segundo porque a 30 años del acontecimiento la reflexión sobre esos dolorosos hechos otorga la facilidad de no usar el mismo rigor para abordar cuestiones del presente y tercero porque disentir en un tema como este puede generar ciertos desencuentros. Pero acá vamos…

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Todo bien, pero Pistorius corre con ventaja

Oscar Pistorius

Ya en su momento, cuando surgió la prohibición, ofrecí mi postura acerca de la singular situación de Oscar Pistorius, el atleta que no tiene piernas y que compite (y muy bien) contra otros deportistas que no tienen impedimentos. Ahora que el Tribunal Arbitral de Deporte (TAS) falló en su favor su apelación y le permite participar de Beijing 2008, sigo pensando que tiene ventajas por encima de otros competidores. Un caso en el que conviven la moral, la ciencia, la filosofía y el deporte.

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Los estadios en la era del rock y del fútbol

Inspirado en un documental que cada semana veo por VH1 sobre la historia del rock, escribí este post en La Nación.com sobre cómo los estadios deportivos se han transformado en las nuevas plazas públicas donde la multitud da su veredicto acerca de los acontecimientos que la atraviesan. Inspirado, también, en las desafortunadas declaraciones del volante de River, Oscar Ahumada.

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Disparen contra River

Cuando la gente va dispuesta a agredir y a manifestar su disconformismo, resulta incómodo que luego el equipo gané. El Estadio Monumental, el domingo, emitió su veredicto por la eliminación de River en la Copa Libertadores. Menos gente pero más ruidosa y elocuente con sus trapos. De todos los partidos que River tenía en las últimas dos semanas ganó el menos importante: el que jugaba contra Gimnasia y Esgrima La Plata. Ni contra Boca ni contra San Lorenzo dos veces.

De todos modos que River no pierda contra Gimnasia resultaba vital para su supervivencia. Le queda un objetivo menor y el desafío de ser un equipo confiable. River plantea preguntas y algunas pueden ser más difíciles de responder que otras:

¿Por qué el liderazgo de Simeone no se traslada al campo de juego?. Es parte del enigma central. Simeone grita, va, viene, gesticula, manda. Pero no delega. Su estilo no baja al campo. No hay quien corporice ese liderazgo. Tal vez no haya nadie para hacerlo. Tal vez él no quiera. Como sea, es una carencia.

¿Puede Ortega estar para jugar el domingo y no un jueves?. Puede. Dada su adicción conocida públicamente, su salud y su integridad pueden cambiar a diario. River como institución decidió cobijar el problema de alcoholismo que padece Ortega y eso tiene sus bemoles.

Con máiz, con palabras, con banderas, todos disparan contra River. A veces con suma crueldad. Nada nuevo: es la que le toca.

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5 preguntas antes de que juegue Boca

¿Por qué todos estamos convencidos de qué Boca pasa a octavos de final de la Libertadores?

¿Qué clase de oposición pondrá Unión Maracaibo?

¿Es facil hacer más de 4 goles cuando un equipo se lo propone?

¿No está la sensación instalada de que la Copa Libertadores es otra cosa con Boca?

¿Colo Colo ó Atlas?

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¿Hay qué dejar de ir a la cancha?

niño hooligan

Sabrina deja un comentario en el post ¿Que más decir? , en el que al final planteo que en algún punto todos sómos complices de la violencia en el fútbol. Y se pregunta si es una buena salida, al menos de momento, dejar de ir a la cancha y porqué permitir que la violencia maneje nuestro modo de vivir. Repensando un poco más mis ideas me doy cuenta que siendo poco amigo de las generalizaciones (”todos somos culpables…”, “todos somos responsables…”) he caído en una de ellas. Pero al mismo tiempo no dejo de percibir una contradicción entre los que dicen, ante un hecho violento, que hay que parar el fútbol….y lo dicen camino a la cancha (!). No puedo evitar notar que las declamaciones de lo que habría que hacer tienen una distancia abismal con los hechos.

Siguiendo la línea sugerida por Alabarces, donde lo que se presenta como excepción en realidad es lo normal, al menos es momento de revisar las palabras y los contenidos de las expresiones:

  • Ya no hay inadaptados, sino que la adaptación nos corresponde a los que preferimos otro tipo de relación con el deporte como acontecimiento de masas.
  • No es un tema de mayorías y minorías: obviamente los violentos son menos en número, pero son los que marcan el ritmo del fútbol en la Argentina. Han impuesto una dictadura del comportamiento donde para sobrevivir como espectadores, aunque no seamos violentos, debemos aparentarlo.
  • Ya no se trata de adaptar los horarios del fùtbol a nuestro tiempo de esparcimiento, sino que la vida toda hay que acomodarla de acuerdo a los horarios del fùtbol.
  • El fùtbol como entretenimiento y diversión de los espectadores ya no ocupa los tiempos de esparcimiento, sino horarios productivos de las personas o bien marginales dentro de las costumbres de una sociedad que aspira, en alguna parte, a vivir con cierta normalidad.
  • Como fenómeno global pero con rasgos locales,hay serios indicios que para el Estado la violencia en el fútbol no es un tema prioritario más allá del funcionamiento formal de organismos e instituciones dedicados al tema.
  • Las reacciones de quienes preferimos que el fùtbol fuera de otra manera tambièn tiene un patrón de conducta: cada medida que se adopta (quita de puntos, ausencia de hinchas visitantes) es tildada de insuficiente y condenada de antemano al fracaso. El fútbol termina siendo un remiendo donde ya nadie se acuerca cual es la norma vigente. Aún cuando los pasos sean tibios y de forma, decretamos que no van a funcionar antes de su aplicación.
  • La complicidad no está dada por la decisión de involucrarse o no en los hechos violentos, sino por admitir como hábito y costumbre una manera de participar del fenómeno del fútbol
  • Todos tenemos opiniones y ninguno los transforma en hechos. Repetimos lugares comunes sin pensarlo. Uno de ellos es: “Si dejamos de ir a la cancha, lo que demostramos es que ganaron los violentos…”.

Pregunto: ¿ Y ahora, cómo va el partido…?

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