Acabo de leer en Wired un comentario que elogia la película sobre Zinedine Zidane de la que ya se han soltado minutos, graciosamente, en You Tube porque evidentemente precisa de la promoción viral para poder crecer. Dicen que es buena. Dicen que está bien hecha y que las 17 cámaras que le pusieron de lejos, pero encima, durante sus presentaciones en el Real Madrid, han sabido sacarle jugo a la excelencia del juego y esa cara tan raramente franco-africana que tiene. En el festival de Sundance le encontraron méritos artísticos y desde ya visuales.
Zidane me pareció un excelente futbolista. Pude verlo en la cancha y tantas veces por TV. Y Zidane es de los que no se discuten. Cuando alguien en un medio diga algo sobre Zidane para generar polémica, mejor cambien de sintonía.
Pero así y todo, reconociendo sus dotes como jugador, me da la impresión que hay algo de Zidane que no nos llega. Para el gustador medio del fútbol en la Argentina, quizás para el resto de sudamérica, la conformación de Zinedine Zidane no está completa. Campéon del mundo y finalista de Mundial con Francia, ganador de la Champions League, tiempista como pocos, Zidane es un futbolista europeo. Su aura nace y vive en Europa.
No imagino fervor por una película de Zidane por acá. Quizás porque por las causas por todos conocidas, Horacio Elizondo, árbitro al fin, represente algo más que Zidane. Y ahí ya tenemos un problema.













