Marcelo Gantman es periodista especializado en temas deportivos y un apasionado de las nuevas tecnologías. Es co-conductor del programa radial Cual Es? en 95.9 Rock & Pop , blogger y productor de contenidos de La Nación.com. También es comentarista del canal TyC Sports. Cubrió Juegos Olímpicos y Mundiales de fútbol. Asesora a diversas organizaciones comerciales y sin fines de lucro sobre comunicación en materia deportiva.
Cada vez que Lionel Messi hace estallar en mil pedazos la manera en que se juega al fútbol con el Barcelona, alguien, en alguna parte, se pregunta hacia adentro porque no se encuentra eso en el seleccionado argentino. Hay cientos de respuestas. Messi, aunque muchos se confundan por su habilidad, es un jugador de equipo. Crea sobre una estructura.
Hoy volvió a a hacer del fútbol una cosa que solamente él entiende y el Barcelona sabe ejecutar. Alejandro Sabella, en pantalón pijama y con sus pocos pelos desordenados, se habrá preguntado como hay que hacer para tener a ese Messi en la selección y que no termine siendo ese puñado de once futbolistas a la deriva que la Argentina viene siendo desde hace ya no se cuanto.
El problema no es que Martín Demichelis haya perdido la pelota por intentar un lujo. El problema es intentar el lujo cuando lo básico todavía no está firme. El error es inherente al juego. No entenderlo es no entender. Demichelis no llega a la zaga central del seleccionado, en una nueva etapa, con aires de indiscutible. Lejos de eso. Debería llegar con hambre de revancha y espíritu de construcción., con el olor a estreno que tienen las cosas que recién empiezan.
Si fuera un texto de Facebook le pondría la manito del Me Gusta…Argentina le ganó 4-1 a Chile en su debut por las Eliminatorias para Brasil 2014. En un campo de juego complicado y resbaladizo, el equipo de Alejandro Sabella fue inteligente y práctico. Palabras deprimentes para los que sostienen que al fútbol hay que jugar con toque y elegancia porque sino no es fútbol.
Estas imagenes muestran escenas cada vez más habituales: locura por tomar contacto con Lionel Messi en su arribo a países de economías emergentes y personas sumergidas. La entrada para el partido costará 100 dólares, el equivalente a un salario mensual para quien lo tenga… Todo parece singular en el tratamiento de la noticia. Y tan particular como es la tele en cualquier parte del mundo: distinta y a la vez igual.
Barcelona es Roger Federer: plasticidad para ser eficaz. Barcelona es Houdini: Real Madrid cree que lo tiene atrapado, que lo domina y lo pone dentro de un baúl, pero Barca se zafa de las cadenas y emerge elegante. Barcelona, por tanto, lleva la magia y la sorpresa dentro: el pase de Messi para Iniesta normalmente funciona al revés y termina igual. Barcelona es delicado y gentil: nunca un tiro que “reviente” el arco. La pelota siempre se posa suave detrás de la línea de Casillas, ya harto de recibir goles catalanes. Barcelona es un Romeo que deja una y otra vez flores en el balcón de Julieta con decoro y amor.
Barcelona es Messi. Y Messi es un talento que todavía no sabemos administrar. Messi es el nuevo Everest que Sabella tiene delante de sus narices. Ya.
Tal vez alguien ya lo haya mencionado. De ser así este texto dejará de ser original y oficiará de mero recordatorio. En caso contrario lo mejor es ir directamente al punto: en esta Copa América es la primera vez en su vida que Lionel Messi juega un campeonato en la Argentina. Y probablemente la única.
Es doble el éxito del Barcelona. Ganó el conglomerado de partidos frente al Real Madrid y se impuso en el debate futbolero que lo erige como ejecutor del fútbol jugado como se debe y no como mera expresión de una idea que es tan válida como cualquier otra.
El título es kilométrico pero me interesaba que el asunto quede claro de entrada: Real Madrid ganó una Copa del Rey sobredimensionada por las circunstancias (contra Barcelona, segundo de cuatro enfrentamientos en pocas semanas) y su triunfo es la ratificación de que el fútbol, cuanto más amplió es, mucho mejor.
Ronaldo fue el atractivo central en la presentación de Doma, la pelota que lanzó Nike para la Copa América 2011. El astro brasileño, que hace pocas semanas anunció su retiro, estuvo con Bono hasta la madrugada del jueves luego de la presentación de U2 en San Pablo. Y aterrizó en el Estadio Unico, justo donde la banda tocó hace pocos días.