Boca tiene jugadores históricos que alguna vez ganaron varios títulos con esa camiseta. Como la historia es una referencia y no una manera de producir acciones en el presente, Boca ahora tiene un plantel que lo pierde todo. Boca es una máquina de perder y ahora genera una masa de espectadores que ya ahora va a ver como pierde un equipo.
Los procesos exitosos pueden desandarse y peligrosamente encarar un camino inverso. Boca se mueve hacia una zona de desconcierto y con riesgos visibles. La salida de la Bombonera de los jugadores, insultados cara a cara, es una situación nueva para todo el “pueblo boquense”, si es que eso existe.
Boca traspasó un límite. Los futbolistas han perdido el respeto del público. Boca perdió el poder de mando de una dirigencia que no logra entender la complejidad del fútbol argentino y cómo Boca está inmerso en eso. Boca pierde con los rivales porque pierde su línea institucional y de juego.
Alves es una anécdota, un “dead man walking” que grita sin que nadie lo oiga. El asunto central es si Palermo y Riquelme también lo son. No por su calidad, sino por ser los responsables futbolísticos de un equipo en declive total.
Palermo o Riquelme. O los dos. O ninguno. Boca se debe esa discusión de una buena vez.













0 comentarios
No hay comentarios por ahora... animate a ser el primero!.
Dejá un Comentario!