
Tiene juego pero le falta fìsico. Sale con contraataques impresionantes pero no se impone con contundencia. Maneja efectos de la pelota con un control admirable, pero se queda sin propuesta. Andy Murray es un buen jugador pero todavía no es un gran tenista. Andy Roddick atragantó la Murraymanía cuando Roddick no es ducho en hacer esas cosas. Más bien suele estar del otro lado.No encuentro un pasaje en la semifinal contra Andy Roddick en el que Murray haya dominado con voluntad. Podríamos estar horas hablando del peso y la presión que significa para un británico (inglés, galés, escocés,“whatever”…) imponerse en Wimbledon, pero creo que Murray no cuadra en ese caso. No ahora. Cuando la discusión se pone caliente y cuando el panorama está libre, Murray todavía no responde a las exigencias. El juego a cinco sets todavía le es ajeno. Es el número tres del mundo, ya le ganó a todos, pero se mantiene a distancia de la disputa de la gran corona.
Roddick es un duro en este torneo. Saca fuerte y con mucha consistencia. Físicamente se lo ve más poderoso que en otras ocasiones. Pero tampoco Roddick, en medio del reinado de Roger Federer y lo que le quepa a Rafa Nadal, ha sido un tenista de temperamento irrompible.
Roger Federer parece que tiene todo dado para ganar Wimbledon. La profesión y mi cada vez mayor aversión a las previas sabelotodas me indican que lo mejor y lo más lindo no es sentarse a ver las finales con la premisa de confirmar lo que uno supone sino quedar abierto a lo que el choque ofrezca. Federer, sin embargo, debo reconocer, rara vez se aparta del camino estipulado. Bjorn Borg con cara de aburrido ya debe estar un poco harto de ser testigo frecuente de como sus records son pulverizados. Lo llaman para que vea como cae su propio mito. Que cruel. su














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